Pues nada, aquí seguimos dejándonos arrastrar por la corriente del consumismo desbocado. A estas alturas del año, normalmente ya suelo estar harta de tiendas y compras (¡con lo que yo he sido!), pero no pasa nada, porque en cuanto pasan los Reyes y empiezan las rebajas, me vuelven a entrar. Es como un interruptor interno, que se apaga cuando siento que me están timando inflándome los precios por la cara, y se vuelve a encender cuando las cosas vuelven a su cauce, y las etiquetas vuelven a tener precios rebajados.
Mientras tanto, el tiempo bien. Estamos viviendo una especie de primavera navideña aquí en Cádiz, que anima a seguir gastando (bien en compras, bien en tapas, bien en porciones de empanada de la Butrón).
Y de consumismo gastronómico en mi casa familiar, ya ni hablamos…

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