Esto de leer a Oriana tiene sus efectos colaterales, y uno de ellos es precisamente pensar en mi propia familia, en mis antepasados. Ella tiene una forma muy curiosa de contar la vida de sus antepasados, y es hablar en primera persona: “cuando yo fui” este o el otro, como si efectivamente nos quedara impregnado en el material genético el recuerdo de las vidas vividas en otra persona, anterior a ella y sin la cual ella no estaría aquí.

Yo no sé si eso es cierto, pero es verdad que hay veces en que, como se suele decir, “blood is thicker than water”. Esta semana fui al funeral de un familiar: una mujer a la que no había visto más que una o dos veces en toda mi vida, y sin embargo no pude evitar sentirme triste. Y mirar alrededor y ver en las caras de los allí reunidos rastros de mi propia existencia. Y sentirme unida a ellos aunque fuera la primera vez que hablaba con ellos en mi vida.

A lo mejor es que me hago vieja.

Advertisement